En medio de las discusiones sobre copyright, copyleft, sopa y cuevana; la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) no tiene mejor idea que venir a reclamar por derechos de autor colectivo.
El día 8 de noviembre de 1928, un grupo de escritores agasajó a los miembros de la Junta Ejecutiva de la Primera Feria Nacional del Libro, celebrada en el Teatro Cervantes.
Don Rómulo Zavala, responsable del comisariato general de dicha junta, exaltó el brillante resultado obtenido por la referida Feria y señaló que el acontecimiento anunciaba el devenir de un organismo permanente que integrara las distintas expresiones literarias y velara por los intereses legales y económicos de sus integrantes. Para dirigir ese organismo y proponer que su gestión fuese aclamada, Rómulo Zavala estructuró y presentó una lista de escritores pertenecientes a diversos grupos literarios, que se habían destacado en esa primera exposición nacional del libro.
Casi 83 años más tarde, Alejandro Vaccaro -presidente actual de la SADE- dijo que “Toda vez que en una radio se lee un poema, un fragmento de un libro, un texto, la radio se está enriqueciendo con la lectura de un texto que lo creó otra persona; y esa persona está en la casa muerta de hambre porque no tiene para comer, mientras otro se enriquece reproduciendo el material que creó esa persona. Eso es piratería.”
Entre las denuncias que este buen hombre hizo por aquel entonces, decía que “Lo máximo que gana un escritor del precio de tapa de un libro es el 10 por ciento. El resto se lo llevan editores, libreros y distribuidores. Y una de las tareas centrales de la SADE es dignificar la tarea del escritor, que es muy vapuleada”
¿La solución? Cobrarle a los medios un canon mensual, para que puedan citar y leer textos libremente. ¿La SADE pretende que los medios le paguen para difundir a sus autores? ¿En serio? En un momento histórico donde se están cuestionando las bases del modelo de copyright, y donde las grandes empresas están luchando por exprimir más y más el negocio del copyright, llega la SADE y pretenden exprimir lo último: el derecho a leer en voz alta. Si, dicho así suena muy fatalista, ¿no? “El derecho a leer en voz alta”… pero es el camino que están tomando. Hoy dicen que van a salir a cobrar este canon porque es su derecho, haya o no una ley de por medio. Mañana, pretenden que cada vez que se dé una conferencia o una charla se le haga un depósito a la SADE (ya no solo tendríamos que pagar por citar la obra de un autor, ¿sino que tenemos que pagarle a un tercero por el autor mismo?) con el altruista propósito de que “nunca más en la Argentina un escritor, investigador o quien sea que dicte una conferencia -se trate de ovnis, literatura, temas médicos o de lo que sea-, lo haga de forma gratuita”
Vaccaro dijo en una entrevista con La Nación que toman como uno de sus antecedentes en este tema al Centro de Administración de Derechos Reprográficos (CADRA). ¿Pretenderá, igual que la CADRA, que la UBA le pague un canon anual? Digo, a este paso no me sorprendería que quisieran que la UBA les pague por todas las citas que hacemos en los trabajos que entregamos…
Me gustaría ver una respuesta fuerte de los medios, negándose a pagar este canon y negándose a expandir la quintita de la SADE. Me gustaría que la SADE tuviera que bajar un poco la cabeza y pensar en cómo proteger a los escritores de los abusos que denunciaban a principio de año, en lugar de exigirle plata a terceros. Me gustaría que se replanteara en serio la filosofía detrás del copyright, para adaptarla mejor a los tiempos que corren.
(publicado también en mi blog, lo pongo aca entero para abrir la discusión)