Los íncubos y los súcubos de la noche vuelven a salir cada sábado. Como siempre es difícil descubrirlos entre tantas especies nocturnas. Nunca se sabe quién es un demonio con atavío de mujer o de hombre y quién un simple terrestre que ama las luces estroboscópicas, un poco de alcohol, una música rompiendo todos los decibeles, hasta que los sonidos bajos entren en el oído y den una patada al tímpano. Con ritmos que nos indiquen qué hacer – al estilo “muévete hacia abajo, haz lo otro hacia arriba”, etc.- y bailar, de todas las formas que se puedan – excitado, por compromiso, buscando diversión, con buen paso o con mal paso-. O simplemente permanecer parados, con la desagradable consecuencia de quedar a merced de las miradas inquisidoras que detectan la salida por compromiso, mientras la mente bucea entre pensamientos vanos: ¿qué hago acá?
Ante tanto esnobismo,no es que lo critique, bah en cierto modo sí. Pero, ¿qué más que snob es estar en una disco, donde todo pasa pero nada importa mucho? Quizá, sí necesitemos un espacio para no pensar, pero mi mente me susurra, “no abusemos”. Los demonios noctámbulos pasan totalmente desapercibidos, mientras la música- bueno, lo que se oye- sigue maltratando los oídos de las alienadas almas de los sábados por la noche.
Así como el crepúsculo se adueña de la escena casi de improviso, encumbrando con sombras estas pampas, que ya no son lo que eran, quizá nunca lo fueron, pasa desapercibida de igual manera la anuencia de la música sin sentido ante los alienados. No importa que dice la letra. la estridencia lo tapa todo. Luego el sol saldrá, los alienados y cobistas volverán a ser los mismos, un poco cambiados por los estragos que causa una noche en el “boliche”, pero también por el influjo de los íncubos y de los súcubos, que desaparecen para descansar hasta que llegue el próximo sábado.
Cuántos demonios habrán pasado por nuestras noches, cuántos súcubos hemos conocido, cuántas veces hemos vendido el alma y el cuerpo a los demonios de la noche.
Quizás, los demonios sólo aparezcan en nuestros sueños, en nuestro descanso onírico, quizá nada ha pasado y sólo el sueño o la pesadilla del sábado nos encuentre durmiendo al lado de un demonio que se ha apoderado de un cuerpo. Quizá caer en las bellas garras de un súcubo sea lo más difícil de afrontar. Hoy en mi soledad me pregunto¿ dónde está mi demonio?. Por supuesto, no me duele que sea un espectro o que haya mentido, me duele que no esté aquí al lado mío esta noche.
Son las dos de la mañana y embolado, así que no iba a descubrir "el" thread... Delirios de viernes a las 2 y pico de la madrugada.
Sáb, 09/01/2010 - 02:21
#1
Especies nocturnas: sábado.
genial, me hizo recordar a Beckett.
Gracias, a mí es uno de los que más me hacen ruido, o sea de los que menos estoy conforme. Cada vez que lo leo le encuentro más cosas para corregir, entre ellas algunas puntuaciones y errores, pero siempre lo dejo como está. Muchas gracias por leerlo y me alegra que te guste.